Cómo evitar las ampollas

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Las ampollas son el problema más habitual entre los senderistas y el que más dificulta la práctica de este deporte. A veces nos obligan a volver antes de lo previsto e incluso a anular la salida del día siguiente.

Descubre por qué aparecen las ampollas y cómo evitarlas.

Las ampollas se producen generalmente cuando la piel se debilita debido a los roces, tanto si estos están causados por los calcetines o las zapatillas como por cuerpos extraños. La humedad (generada por la transpiración o por elementos externos) también puede contribuir a su aparición, porque debilita la piel y hace que sea más vulnerable al rozamiento.

1 - Pruébate bien las zapatillas antes de comprarlas o al menos antes de salir a caminar 

Tanto si compras las zapatillas en una tienda como si lo haces por Internet, pruébatelas bien. En el segundo caso, deberás hacerlo en casa, después de recibir el pedido. Tienes que ponerlas a prueba en varias situaciones: en una superficie plana, en subida, en bajada (las tiendas tienen muchas veces superficies inclinadas o pequeños recorridos que reproducen diferentes tipos de suelos). Si las pides por Internet, asegúrate de que dispones de un margen de tiempo suficiente para poder cambiarlas si es necesario. ¡No hagas el pedido en el último momento para recibirlo en tu lugar de vacaciones!

2 - No uses las zapatillas nuevas por primera vez en una salida larga 

Las zapatillas nuevas necesitan ablandarse (sobre todo las que son de piel) y adaptarse a los pies. Algunas partes aún rígidas podrían producir roces localizados en los pies y causar ampollas. Lo mejor es aumentar poco a poco la duración de las salidas. Asegúrate también de que la plantilla no resbale. Sobre todo si has tenido que añadir una plantilla para acabar de ajustar la talla de las zapatillas o una plantilla ortopédica. Algunas de estas plantillas están pensadas para un uso urbano y son lisas y un poco brillantes, lo que puede hacer que el pie resbale en la zapatilla y provocar roces.

3- Elige unos calcetines adaptados a la forma de tu pie 

Comprueba dónde quedan las costuras, aunque parezcan muy finas, para que no rocen contra los huesos ni provoquen molestias. No lleves calcetines agujereados o muy estropeados, porque no protegen los pies. ¡Y, sobre todo, usa calcetines de la talla correcta! Este tipo de detalles pueden pasarse por alto, pero unos calcetines mal ajustados formarán pliegues y arrugas, que causarán roces. También es muy importante colocar bien el calcetín sobre el pie al ponérselo (haz que el talón del calcetín coincida perfectamente con tu talón, etc.).

4 - Pruébate las zapatillas con los calcetines 

Unas zapatillas que son cómodas con unos calcetines pueden resultar incómodas con otros. Todas las zapatillas no están hechas de la misma manera: pueden cambiar los componentes, el ensamblaje, las zonas de sujeción... Y, según cuál sea la forma de los calcetines, es posible que favorezcan los roces. Cuidado con las condiciones climáticas: elige la combinación de zapatilla y calcetín en función de la estación. Por último, no olvides que la lazada también es importante para que el pie esté bien sujeto y cómodo. No dudes en adaptar el ajuste en función de tus sensaciones a lo largo de la travesía, sobre todo en las bajadas. Para más información, puedes leer nuestro artículo:«cómo ajustar correctamente las zapatillas de travesía».

5 - Mantén los pies limpios y secos.

Si sientes la menor molestia debido a la presencia de un cuerpo extraño (piedrecita, arena, ramita...) para y quítate las zapatillas para sacar lo que te molesta. Si caminas varias días seguidos con los mismos calcetines, enjuágalos bien cada noche para eliminar el polvo que pueda haberse acumulado. Lo ideal es llevar dos pares de calcetines, incluso en las salidas cortas, para poder cambiar de calcetín si los pies están demasiado húmedos. Y, sobre todo, no te olvides de sacar las plantillas de las zapatillas para que se sequen durante la noche.

6 - ¡Cuídate!

Tenemos tendencia a olvidarlo, pero el estado de cansancio tiene un impacto sobre nuestro cuerpo. La piel es más sensible cuando estamos cansados y es posible que, con las mismas zapatillas y los mismos calcetines, un senderista que normalmente no sufre ampollas tenga una reacción diferente. Por ejemplo en las vacaciones, cuando el cuerpo se relaja y elimina la tensión acumulada a diario. Nuestra alimentación también juega un papel importante; el alcohol, por ejemplo, hace que el sudor sea más ácido y, por lo tanto, más agresivo con la piel. Si, a pesar de todos estos consejos, sigues sufriendo ampollas, puedes usar una crema antiampollas, que limitará las irritaciones provocadas por los roces. Pero no te olvides de probarla, para ver si te va bien, antes de usarla en una salida larga. Los baños de pies con zumo de limón también harán que aumente el grosor de la piel y que esta se deteriore menos rápidamente.

¿Y tú, tienes algún truco que quieras compartir para prevenir las ampollas ? 

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