Seguridad: leer la nieve

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En invierno y en primavera, el sol y el viento transforman la nieve. El manto nevado cambia. Para avanzar en las mejores condiciones de seguridad y anticiparse, es mejor aprender a leer la nieve. Los Acompañantes en la Montaña te darán la información correcta…

El viento y las acumulaciones

Durante las nevadas y en los siguientes días, el viento transporta la nieve. Sistemáticamente, se acumulará en el lado llamado "bajo el viento" (opuesto a la dirección del viento dominante) de los puertos y las crestas de las cimas, pero también en las pendientes si encuentra una roca o un movimiento del terreno.

Observa bien a tu alrededor: pequeños indicios te permitirán suponer la orientación del viento dominante. De ese modo, podrás deducir en qué vertientes están las acumulaciones en forma de ventisqueros y, debajo de estos, posibles placas de viento.

La acumulación de la nieve es uno de estos indicios. En la superficie del manto nevado se forman pequeñas ondas. Presentan un lado abrupto o en escalera. Ese lado es el de la dirección del viento.

Otros indicios: los árboles del estadio subalpino. Combaten los elementos naturales para sobrevivir. Las coníferas se adaptan particularmente bien y desarrollan un porte llamado «en forma de bandera» dejando morir las ramas que están en la dirección del viento. El lado donde el árbol desarrollará las ramas horizontalmente y muy a menudo al nivel del suelo indica el lado «bajo el viento».

Cada cresta o relieve marcado debe hacer suponer que se ha formado un ventisquero. Será más o menos alto, estará más o menos volado. Es extremadamente peligroso pasar por estos lugares. Al caminar por las crestas, debe escogerse siempre el lado «del viento», allí donde hay poca nieve. En todos los casos, es necesario mantenerse alejado algunos metros del borde del ventisquero. Casi siempre están muy volados.

Las bolsas de aire o de deshielo

El estadio llamado de «montaña» (hasta 1.800 m de altitud de media) se caracteriza por la ausencia de arbustos (sauces, alisos…) que se pliegan bajo el peso de la nieve desde las primeras nevadas y a menudo permanecen aprisionados durante toda la temporada.

Nevada tras nevada, pueden quedar totalmente cubiertos. Forman entonces montículos debajo de la nieve. A veces algunas ramitas pueden indicar su presencia. Es necesario siempre rodearlos ampliamente para evitar el riesgo de hundirse con violencia en la bolsa de aire creada por sus ramas.

Incluso debajo de la nieve, las rocas captan la radiación solar y la restituyen. Eso hace que la se funda nieve casi hasta el nivel del suelo y que se cree una bolsa de deshielo en torno a la roca. Puede sorprendente y hacerte caer. Por eso es conveniente rodear las rocas. La mayoría quedan traicionadas por la presencia de una «joroba» o de nieve helada y vuelta a helar característica. 

Los puentes de nieve

En los relieves rocosos (desprendimientos, morrenas), en general la nieve no cubre todas las rocas. Si se desplaza por estos entornos, el senderista debe tener siempre en mente que una bolsa de aire, a veces profunda, puede quedar cubierta por un «puente de nieve», más o menos sólido. Si el tiempo ha permanecido muy frío durante varios días, se puede pensar que el puente aguantará.

Sea como sea, es mejor rodear los puentes de nieve cuando se sospeche que existan. Y si no hay alternativa, después de sondearlo con el bastón, se debe atravesar lentamente, uno por uno, caminando ligeros.   

Los Acompañantes en la montaña tienen formación en nivología, saben detectar los riesgos más habituales. Durante todas las travesías, te informarán sobre sus análisis y sus reflexiones para justificar su decisión de cambio de itinerario o de objetivo. Aprenderás a ser más prudente en cualquier circunstancia.

Más información sobre la nieve y los aludes en www.anena.org

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