Tus travesias : los Caminos de Compostella

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¿Alguna vez has vivido un momento único haciendo senderismo? ¿Quieres compartirlo con otros excursionistas? Propón tu relato y tal vez formes parte de nuestros clientes-narradores. 

En esta ocasión, Luc nos describe su experiencia, tanto física como emocional, recorriendo los senderos del Camino de Santiago. 

Su relato: Los Caminos de Compostela 

Cuando hace poco más de 20 años, tras ver un reportaje sobre el Camino de Santiago, me hice la promesa de que yo también, algún día, haría el Camino, nada me hacía presagiar que, tras mi partida el 15 de marzo de 2015, viviría una experiencia que transformaría mi vida. Después de varios meses de preparativos, tanto físicos como materiales, y sin haber practicado senderismo con anterioridad, cerré la puerta de casa lanzándome a algo relativamente desconocido, sin estar seguro de poder llegar a cumplir mi sueño.  

Los primeros días fueron una mezcla de euforia y angustia, por una parte contento de poder dar al fin gracias a Dios por poder andar (n.d.r.: nací con una malformación en los pies), pero al mismo tiempo terriblemente angustiado por la idea de no saber si sería capaz de finalizar el Camino. Salí de Bélgica con un frío aún glacial, teniendo que acampar a veces a temperaturas de hasta bajo cero, y tuve que ir aclimatando mi cuerpo que estaba poco acostumbrado a avanzar sin descanso. Pero ya desde el inicio de este viaje de largo recorrido, me sentí transportado por los paisajes que atravesaba, los encuentros que hacía por el camino y las miradas de los demás. 

Don't stop walking

Y al caer la noche del noveno día, cuando por primera vez dejé mi mochila en suelo Francés, me di cuenta de repente de que ya nada podría detenerme. Por fin me sentía con fuerzas para continuar contra viento y marea... ¡y lo mejor estaba por llegar! 

Atravesando bosques, campos y landas, recorrer Francia fue un auténtico placer. De los pueblos a las grandes poblaciones, pasando por pequeñas aldeas y ciudades míticas, no pasó ni un solo día sin que hubiese algo que me maravillase. El canto de los pájaros, los contrafuertes de las más bellas catedrales, las capillas de las iglesias... de una región a otra, todos mis sentidos estaban alerta. Pero también hubo jornadas agotadoras. A veces la lluvia, el viento y los montes se convertían en duras pruebas. Pero pronto aprendí a no tenerlas en cuenta para seguir avanzando. Cada mañana anudaba mis botas con impaciencia, depositando mi fe en la providencia, con la certeza de salir a afrontar mi destino. 

 paysage france

Por Reims, Epernay y después Troyes hasta llegar a la vía que parte de Vézelay. Por fin recorrí, con gran alegría y bajo un sol radiante, los últimos metros de la Colina Eterna. Al día siguiente iniciaría la magnífica Vía Lemovicensis que había recorrido una y mil veces en sueños inspirados en mis lecturas. De Bourges a Limoges, después Perigueux y por último Saint-Jean-Pied-de-Port, cada nombre resonaba en mí como si de lugares familiares se tratasen. ¡Recorriendo el Camino me encontraba como en casa y nada me hubiese podido hacer abandonar! 

Por fin estaba a los pies de Los Pirineos, ya solo me quedaba atravesar España. De las vastas llanuras desérticas de la Meseta a los verdes valles gallegos, descubrí este país de la forma más bella. La particularidad de la marcha es que nos brinda el tiempo de disfrutar de la ruta. Los paisajes desfilan tan lentamente que nos impregnamos de cada detalle. Saboreamos cada paso, cada metro, cada árbol, cada recoveco. Al girar cada curva, se desvela el horizonte. Es una agradable manera de descubrir el mundo y a los demás. 

Me hicieron falta 98 días consecutivos para recorrer los 2412 kilómetros necesarios para cumplir mi peregrinaje hasta Santiago, y después Fisterra, el fin del mundo, un lugar donde el sol poniente se sumerge en el océano. A diario nuevas amistades, paisajes y esperanzas. 

St Jacques arrivée St Jacques reliques

Para los que sueñan con grandes aventuras, recorrer uno de los numerosos Caminos de Santiago tal vez no suene muy exótico. ¡Pero os aseguro que a la vuelta habréis cambiado de idea! He vivido más de 3 meses en un clima de paz y de compañerismo, sin un solo robo ni agresión, y sin pronunciar una palabras más alta que otra. Tres meses de convivencia, amistad y fraternidad. Aprendí a tomarme el tiempo necesario, aprendí a escuchar y a tener paciencia. También aprendí a relativizar y a contentarme con lo que la vida me ofrece. Hacer el Camino de Santiago, más que una travesía, es encontrarse con uno mismo. Estos Caminos multiseculares están cargados de una energía tan especial que volverás renovado. Y ya solo tendrás un deseo... ¡volver a hacer el Camino! 

Luc Balthasar
http://www.peregrinos.be
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